lunes, 9 de marzo de 2015

Etiquetas Teatrales que separan

Reconozco que no me hace mucha gracia cuando algunaspersonas unen teatro amateur a pocoprofesional o de baja calidad. Lo que implica unir compañías profesionales a calidad indiscutible por llevar estaetiqueta.

Pienso, que tras esta unión no hay más que falta derealidad. Conocer qué hacemos las compañías amateur, qué hacen las compañíasprofesionales, con qué contamos cada una para poder realizar proyectos, quiénesson las personas y profesionales que estamos detrás de cada una, cómotrabajamos y por qué lo hacemos así…

Mi realidad es que, aunque lucho para que este gobierno bajeel IVA, para que suba los presupuestos anuales destinados a la cultura; aunqueme siga formando en mi carrera; aunque consuma teatro y apoye el trabajo decompañer@s (profesionales y amateurs);aunque me deje los dientes y el alma en cada nuevo proyecto y con éstos, abra puertasa la inclusión social en el teatro; aunque me identifique por hacer algo que enesta ciudad no hace nadie; aunque las personas que llenan nuestras funcionesnos agradezcan de una y mil maneras lo que contamos y cómo lo hacemos…

Mi realidad es que desde arriba se valora poco el trabajo deaquí abajo (por poner alturas)… Y esa infravaloración hace que compañías amateurs a las que no nosfalta profesionalidad, tesón, ganas, trabajo y esfuerzo, sigamos cargando conla etiqueta no profesional.

Poco apoyo, por no decir casi ninguno, desde dentro de laprofesión.

Poco dinero, por no decir casi ninguno, que termina saliendode nuestros bolsillos (y no porque las subvenciones salgan de impuestos quepagamos los españoles y bla bla bla) o de los bolsillos de personas que nosquieren y sí creen en nuestro trabajo.

Poca ayuda, por no decir ninguna, de la prensa (“¿amateurs? Ah, no, yo sólo con profesionales”), de algunos espacios, dela administración.

Poco de casi todo… por no decir de todo.

Y es que hay más maneras de hacer teatro, tantas como compañias. ¿Por qué éstas novalen? ¿Y quién decide qué vale y que no? Yo amo el teatro y desde él, cuentolo que pienso, lo que creo e intento aportar un poco de mejoría a este mundo. ¿Noes meritorio que sin recursos hayamos abierto la posibilidad de que laspersonas con discapacidad auditiva puedan consumir teatro? ¿No es meritorio que estamos trabajando para hacer lo mismo con personas ciegas? ¿No es meritorio queesta pasión y profesión nos haga crear, trabajar, construir sin medios; dándolotodo en cada representación? ¿No merecemos ser valoradas como profesionales? ¿Oes que al final todo lo resumimos en dinero y etiquetas que valen dinero?

Y con todo esto, mi realidad también es que me gustaríapoder tener el dinero para poder pagar esa etiqueta que daría otro lugar a micompañía, “profesional” porque nos lo merecemos; pero igual de real es que mi trabajo seguiría siendoigual de bueno (o de malo); porque las etiquetas no nos hacen, sólo nos limitany colocan dentro de esta sociedad donde cada vez hay más barreras.
Quizás podamos mirar un poco más, observar, dar(nos) oportunidadese igualarnos ante algo tan importante como es la cultura. Pero es posible que eso solo quede en quizás... 

María Lebrato.

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